NO PENSE PASAR POR ESTO (1RA. PARTE) “Dije: de esta chica me voy a enamorar”


Miguel trabaja para la Municipalidad de Asunción y según dice, es un muchacho a quien todos admiran porque tiene una novia linda, amorosa, muy amable, que es docente. El, que es súper comunicativo, le contó a su grupo de amigos que no sabía cómo llevar a la cama a la chica ya que ella se negaba rotundamente a perder su virginidad, hasta que algo pasó: ¡descubrieron que ella en realidad era divorciada y que se casó siendo una adolescente! No te pierdas esta historia amigo si querés descubrir qué secreto escondía la maestrita.
Miguelo tiene 28 años, es abogado y ya antes de recibirse entró a trabajar en la Municipalidad. El conoció a la maestra Graciela hace 3 años, y nos cuenta por qué enloqueció por ella: “espectacular es, una trigueña con una colita parada, hermosa de cara, de ojos claros, pelo enrulado pero no como tormenta sino con rulos definidos, bien cuidado, y de un trato muy dulce”.
Se conocieron en un cumpleaños y como eran los únicos solteritos y sin compromiso, los amigos los presentaron: “me acuerdo bien que cuando le miré a los ojos sentí un py’a joko, como que alguien más o menos me apretaba el corazón, y en ese momento dije de esta chica me voy a enamorar, y le pedí su número de celular”.
Ella le contó que era oriunda de Paraguarí pero vino a estudiar magisterio en la capital y ya se quedó a vivir acá: “como loco anduve detrás de ella, averigué donde enseña y tres días después de hacerle la pasada frente a la escuela le vi. Le invité a merendar y aunque ella es tímida me dijo que también pensó mucho en mí y me dio la dirección de la casa de su tía, donde ella vive”.
“LE PRESIONE”
Miguelo comenzó a visitar esa casa aquel mismo fin de semana: “yo caía con las medialunas porque me hice socioté de ña Ester, su tía. Ella es muy canchera, tiene un marido embarcadizo pero capo el tipo, maneja todo ahí en Itá Enramada, y ellos me adoraron porque yo sé hacerme querer. Los domingos iba con el asado, y la tía me decía que apriete un poco con su sobrina porque ella es demasiado tímida nomás”.
Finalmente, Miguelo se decidió: “pasaban los meses y yo ya estaba impaciente porque de todo hacía pero siempre los dos besitos, siempre una tocadita de mano o una rozadita y nada más. Mis socios, que ya le conocían a Graci porque yo le llevaba a todas partes conmigo me aconsejaron que arremeta, ha toiko la oikoa, y entonces en un 7 de diciembre que nos fuimos peregrinando en grupo yo le agarré en la oscuridad, cerca del cerro, y le besé”.
La docente respondió el beso pero tímidamente: “para mí estaba bien, era una primera vez y fui un piquito y algo más, pero hasta ahí. El resto del camino ya hicimos de la mano y los perros celebraron eso porque sabían que algo tuvo que pasar para que estemos así. Rezamos abrazados y frente al altar de la Virgen le pedí que sea mi novia; ella lagrimeó y hasta a mí me hizo llorar”.
LA VIRGINIDAD
De vuelta a Asunción, aquel 8 de diciembre, hubo una conversación secreta entre la parejita: “yo tenía en ese momento 25 años y ella 22, y me dijo específicamente que era virgen y que yo tengo que respetar eso porque ella quiere tener un noviazgo tranquilo, quiere tener un tiempo para conocerme y para ver si podemos llegar a algo serio, y que después podemos dar un paso más en la intimidad”.
Miguelo aceptó todo: “me comprometí con ella pero eso hace cualquier hombre, decís que sí porque sabés que en un momento dado vas a tener la oportunidad de estar solo con tu novia y ahí ya nadie sabe lo que va a pasar. Un año por ahí estuvimos como novios de escuela más o menos, piquito y de la mano, y yo mismo huía de los momentos peligrosos, pero después ya quise una recompensa a mi paciencia de hombre”.
Ese segundo año del noviazgo Miguelo comenzó con los besos un poco más profundos: “yo estaba entonadísimo y quería que ella también se ponga las pilas, pero apenas comenzaba a apretarle y yo sentía que se asustaba. Yo pensé que era por el tema de la virginidad, pero ajavy ra’e”, asegura.“Ella es casada, me dijo”
Llegaron una vez más a fin de aquel año y sin grandes progresos, según Miguelo: “más o menos cuando estábamos por pasar la segunda Nochebuena juntos yo hablé bien con ella, le dije que ella sabe que le quiero, y si lo que necesita es que nos comprometamos en matrimonio que está bien, que yo estoy seguro de lo que siento y que podemos prometernos con anillo y todo”.
Hubo un abrazo pero una vez más, no avanzaron mucho: “mi mamá le adora a mi novia, demasiado le quiere, y mi papá es buena onda y no se va a meter nunca con mi elección, pero papá lo que me dijo es que parece que Graciela es una chica demasiado especial. Yo le pregunté a él por qué, y me dijo que yo tengo que averiguar el pasado de ella antes de que nos casemos, porque ella parece una chica muy triste, y las mujeres son así cuando guardan secretos del pasado”.
Sin que en ese momento Miguelo le dé importancia a lo que su papá le dijo, siguió insistiendo con llevar a la cama a su novia: “avancé mucho en ese tiempo porque conseguí que ella me haga sexo oral. Resulta que nos quedamos solos en casa de su tía un sábado y vino una caricia, otra caricia, hasta que me desnudé frente a ella pero prometiéndole que no le voy a hacer nada que ella no me pida, así que ella sí me hizo y yo le agradecí”.
EL CONSEJO
Desesperado, Miguelo salió una noche con sus amigos y en ronda de confesiones, les contó lo que estaba viviendo: “me llamó aparte un amigo que también es abogado y suele recorrer el interior para tomar casos y me dijo que hace mucho quería contarme algo sobre mi novia pero que nunca se animó. Yo ya pensé todo mal y le pedí que me cuente, y él me dijo te voy a decir para que no te quedes como boludo”.
Entonces, el amigo le aseguró que Graciela era divorciada, que tuvo un marido que esa escribano y trabajaba en la Municipalidad de Paraguarí: “me quedé como si me tragaron la lengua. Qué bola, le dije, y me dijo que porque sabía que no le iba a creer él sacó copia del juicio de divorcio de ella y que tenía guardada en la cajuela de su auto. El me mostró y ahí mismo yo agarré la copia y me fui para encararle a Graciela. Yo quería preguntarle por qué me mintió, ya que si me hubiese contado la verdad yo igual le iba a querer. Lo que más rabia me daba es que me dijo que es virgen y yo me andaba haciendo del amigovio con ella. Yo no entendía nada”, asegura.
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